sábado, 25 de octubre de 2008

Una sonrrisa

Llevo unos días pensando en unos versos del libreto de la ópera Madama Butterfly. dice así:

Dei crucci la trama
smagila il sorriso.

La traducción sería algo así:

Una sonrisa se abre
paso entre una maraña
de dificultades.

Ahí os la dejo, para que os haga pensar como me lo hace a mí.
De nuevo, gracias Lara.

viernes, 24 de octubre de 2008

Palabras sueltas

Anoche entre copas de rioja y humo de cigarros en un precioso café de Madrid la amistad se materializaba una vez más. Motivados por este sentimiento y por horas de densa conversación, yo y mi preciosa acompañante decidimos realizar un ejercicio de escritura. En una hojilla de papel improvisada, uno escribía unas lineas y el otro debía continuarlas teniendo como única pista la última palabra del texto de su compañero. Así lo hicimos repetidas veces, el alcohol y ese clima mágico como de otro tiempo hicieron el resto. Este fue el resultado.

La soledad se aferra contra mi vientre entre la gente.
Nada; eso es lo que él sentía en este preciso instante, nada.
El latido de su corazón parecía haberse detenido para siempre.
Y justo cuando había perdido la esperanza de volver a sentir: ocurrió.
Pero se pierden las palabras… el silencio acecha cuando la mirada oscura te invoca.
A donde vas no existen caminos, pero yo te sigo.
Es verdad, iría a cualquier lugar del cosmos donde tú me lo pidieras.
Y es que así era él, desnudaba su alma y sus entrañas cada vez que se entregaba porque no tenía miedo a sufrir, ni a querer, ni a sentir.
Gracias, sólo vos y tus ojos.
Pero el tiempo, la ausencia y sobre todo el hecho de que no supiera acariciar, hizo que su corazón dejase de vibrar por ÉL.


Besos argentina linda.

viernes, 3 de octubre de 2008

Ofelia


Mientras se gesta una nueva entrada de mi puño y letra os dejo con algo más elevado que mi prosa, un poema de Arthur Rimbaud a la sakepeariana Ofelia.

I

En las aguas profundas que acunan las estrellas,

blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lilio,

flota tan lentamente, recostada en sus velos...

cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia

pasa, fantasma blanco por el gran río negro;

más de mil años ya que su suave locura

murmura su tonada en el aire nocturno.

El viento, cual corola, sus senos acaricia

y despliega, acunado, su velamen azul;

los sauces temblorosos lloran contra sus hombros

y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.

Los rizados nenúfares suspiran a su lado,

mientras ella despierta, en el dormido aliso,

un nido del que surge un mínimo temblor...

y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

II

¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,

muerta cuando eras niña, llevada por el río!

Y es que los fríos vientos que caen de Noruega

te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,

en tu mente traspuesta metió voces extrañas;

y es que tu corazón escuchaba el lamento

de la Naturaleza –son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo

rompió tu corazón manso y tierno de niña;

y es que un día de abril, un bello infante pálido,

un loco miserioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca!

Te fundías en él como nieve en el fuego;

tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.

–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.


III

Y el poeta nos dice que en la noche estrellada

vienes a recoger las flores que cortaste,

y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,

a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.